Cada inicio de clases trae mochilas nuevas y cuadernos en blanco.
Pero para muchos chicos y chicas, la vuelta al cole es mucho más que eso: es el desafío de aprender después de trayectorias atravesadas por la inestabilidad, la falta de cuidados y oportunidades postergadas.
Las historias de Margot y Juan nos recuerdan que la educación no sucede en soledad.
Necesita tiempo, acompañamiento, salud, afecto y adultos presentes que sostengan cada proceso.
En el Hogar María Luisa trabajamos todos los días para que cada niño y adolescente pueda hacer propio un espacio que durante mucho tiempo les fue negado: la escuela, el juego, el aprendizaje y la posibilidad de proyectar un futuro.
Margot: aprender necesita estabilidad
Margot ingresó al Hogar a los 16 años, con una escolaridad interrumpida. A través del acompañamiento educativo y emocional, hoy avanza en su aprendizaje y se prepara para la vida independiente.
Venía de una infancia marcada por idas y vueltas entre su familia y distintas instituciones, en intentos que parecían prometer estabilidad, pero que no lograban sostenerse en el tiempo.
Cuando la conocimos, estaba cursando 5.º grado de la primaria.
La inestabilidad, sumada a la vulnerabilidad propia de la adolescencia, había impactado de lleno en su trayectoria escolar. Porque la educación es futuro, sí, pero para que el aprendizaje sea posible primero tiene que existir un piso de cuidado y estabilidad.
Desde su ingreso al Hogar, Margot asiste regularmente a la escuela y recibe un acompañamiento sostenido desde la casa. Un grupo de voluntarios la apoya en su proceso de alfabetización, mientras que la psicopedagoga coordina los ritmos y contenidos según sus posibilidades.
Margot no eligió la adopción, pero saber que cuenta con una casa de pre-egreso le brinda tranquilidad. Hoy se mueve con libertad y confianza entre las casas, sintiéndolas parte de su vida cotidiana.
A partir de los 18 años, comenzaremos a acompañarla en la construcción de su rol como trabajadora, con pocas horas, para que pueda continuar y finalizar el secundario. El horizonte es claro: a los 21 años, Margot deberá estar preparada para vivir de manera independiente.
Por eso, hoy aprende a cuidar su salud, su alimentación y a manejar su dinero.
Paso a paso, se prepara para una vida posible, acompañada y con herramientas.
Juan y el desafío de empezar
Llegó al Hogar sin haber ido nunca a la escuela. Con acompañamiento, tiempo y cuidado, Juan empezó a aprender, a jugar y a construir nuevas oportunidades.
Cuando Juan llegó a la casa hogar tenía 8 años. Decía que nunca había jugado con otros chicos. Que él elegía no pelear, pero que si peleaba, los demás iban a tener que cuidarse.
Juan venía de vivir en la calle, entrando y saliendo de casas, y muchas veces durmiendo a la intemperie. Nunca había ido al jardín, ni a primer grado, ni a plazas, ni a cumpleaños. Tampoco había transitado esos espacios cotidianos donde muchos chicos aprenden a jugar, compartir y confiar.
El día que supo que podía empezar la escuela, una sonrisa enorme le iluminó la cara. Estaba feliz con su guardapolvo flamante, las zapatillas nuevas, la mochila y el pelo prolijamente peinado hacia el costado. A Juan le gusta ser clásico.
Su primer día de clases fue impactante, para él y también para los docentes. Por edad, fue ubicado en tercer grado, pero pronto surgieron los desafíos: dificultades para tomar el lápiz, mucha inquietud, problemas para sostener normas básicas como permanecer sentado. No era falta de voluntad: era una escolarización tardía atravesada por una historia muy dura.
A partir de allí, Juan comenzó a recibir apoyo escolar y acompañamiento psicopedagógico semanal. También probó deportes y actividades artísticas, hasta encontrar una que le gustara. De a poco empezó a leer, a escribir y a sentirse orgulloso de sus propios avances.
En su caso, Juan sí eligió tener una nueva familia por adopción. Hoy vive con ellos y continúa su recorrido educativo, con desafíos, pero sabiendo que con acompañamiento, aprender es posible.
Las historias de Margot y Juan reflejan muchas otras historias de chicos y chicas que pasan por las casas del Hogar María Luisa.
La vuelta al cole no es solo empezar las clases: es sostener la salud, el acompañamiento emocional, el apoyo escolar y la estabilidad que hacen posible aprender.
Cada proceso necesita tiempo, presencia y cuidado cotidiano. Nada de eso sucede sin el compromiso de una comunidad que acompaña.



