“Soy el Matías”: una lectura que interpela y nos compromete

Llegó a mis manos el libro Soy el Matías, ni víctima ni premio consuelo.

Un libro escrito por Matías, su psicopedagoga y, sobre todo, su mamá.

Desde el lugar desde el cual cada uno mira —desde los “anteojos” que tiene puestos— quiero compartir algunas reflexiones que me dejó esta lectura, dice Ana Álvarez Directora Hogares María Luisa.

Antes que nada, quiero recomendarla. Es un relato en primera persona, de lectura ágil, que invita a la comunidad a seguir poniendo sobre la mesa un tema que no podemos dejar de mirar.

Me impactó profundamente leer que, al llegar a la Casa Cuna de Santa Fe, Matías sintió que estaba en un lugar seguro. Como profesionales, vemos esto una y otra vez: chicos que llegan atemorizados, sin poder poner en palabras lo que vivieron, y cuyos rostros comienzan a transformarse en las primeras horas y días, cuando el cuidado aparece. El libro también describe algo muy frecuente cuando hay hermanos: los mayores sienten que deben proteger a los más pequeños, y el enorme trabajo que implica que cada uno pueda volver a ocupar su lugar de niño.

Si bien el libro es reciente, la historia que relata ocurrió hace varios años, incluso bajo una ley de protección anterior a la vigente. En ese recorrido, quiero destacar especialmente el rol de la psicopedagoga y del equipo técnico. El trabajo de quienes elaboran informes, insisten ante los juzgados y acompañan tanto a chicos como a adultos en los primeros tiempos del proceso es fundamental. Son quienes conocen verdaderamente a los chicos. Aunque cada historia es única, los procesos suelen tener elementos en común: los síntomas que aparecen, los tiempos de adaptación, el volver a aprender a jugar el rol de hijo.

Hay pasajes del relato que resultan especialmente difíciles de leer: cuando Matías vuelve a recibir malos tratos, el silencio, el miedo a perder nuevamente. Sin juzgar, no puedo dejar de quedarme en la profunda vulnerabilidad de los chicos y chicas que han estado expuestos a violencias. ., a ocupar el lugar de hijo, y encontrarse nuevamente con el maltrato. En este caso, la historia tiene un buen desenlace, pero inevitablemente surgen preguntas sobre los seguimientos y los acompañamientos que deberían sostener estos procesos.

El libro también pone el foco en la revinculación familiar. No es algo que veamos con frecuencia, ya que una medida de separación suele darse cuando otros intentos han fallado. Y, lamentablemente, muchas veces comprobamos que los procesos que no funcionan superan a los que sí. En el fondo, aparece una cuestión central: el no reconocimiento de los errores. Sin reconocimiento, no hay posibilidad de cambio. Esto se refleja en el relato sobre la experiencia con la abuela y el padre, y es algo que también vemos cotidianamente.

Hay pasajes que siento lejanos a lo que hoy proponemos en nuestras casas hogar. Confío profundamente en que, con el cambio de paradigma y de ley, muchas prácticas se hayan transformado: la apertura de los espacios, la idea de que los chicos no vivan los hogares como lugares cerrados o punitivos. Durante años existieron hogares escuela, pero con el tiempo se fueron abriendo para que la vida —como siempre digo en mis charlas— ocurra también fuera de la casa.

Lamento que aún persista la idea de la precariedad y la mala apariencia de los chicos que viven en hogares. Espero sinceramente que sea una imagen del pasado. La identidad también se construye en lo cotidiano: tener ropa propia, poder elegir, practicar deportes, sentirse cuidados. Hay tanto por reparar en estas infancias que estos aspectos deberían estar garantizados.

Por todo esto, considero que la lectura de Soy el Matías es valiosa y necesaria. Nos recuerda lo esencial: hay que involucrarse. Como vecinos, como docentes, como profesionales de la salud, como empresas. Para que todas las casas hogar cuenten con equipos completos, con trabajadores sociales, psicólogos, psicopedagogos y el mejor personal de cuidado posible.
La protección de las infancias no es tarea de unos pocos: es una responsabilidad colectiva.